Mascara contra el COVID-19

El Confinamiento. Momento de reflexión.

 Tiempo de adaptación Bélica.

Cuando a día de hoy 24/4/2020 somos capaces de discernir un pequeño rayo de luz al final del túnel, se nos olvida un poco el momento en el que sin pretenderlo y de forma sorpresiva, nos veíamos obligados a alistarnos para la mayor guerra que el S. XXI había visto hasta el momento. Una guerra cruel y sin miramientos ante un enemigo desconocido y muy hostil, en la que todos los ciudadanos: adultos, niños o ancianos, tanto saludables como enfermos estaban llamados a combatir. Guerra que no entendía de nacionalidades, razas o clases sociales y que nos comprometía a todos frente al enemigo. Esa unión global de fuerzas ante un objetivo común, nos hizo ser más conscientes del valor que aportaba cada individuo a la causa.

El enemigo.

Dicho enemigo tiene cualidades contra las que hacía mucho tiempo que la humanidad había dejado de luchar. Su tremenda crueldad y la falta de humanidad que muestra, hace de él un oponente temible. Su principal poder radica en la sorpresa y en lo inesperado tanto de su aparición inicial, como en sus movimientos posteriores. La falta de información sobre sus puntos débiles, nos hace utilizar todo el arsenal disponible para intentar doblegarlo. Sin duda, su talón de Aquiles terminará apareciendo.

Nuestro cuerpo de élite.

El objetivo ahora es intentar levantar el ánimo a todos aquellos que han estado en el campo de batalla, luchando en primera línea de fuego sin apenas armas con las que responder y ante situaciones en las que eran sobrepasados en número claramente. Nuestras filas están formadas de «prestidigitadores» capaces de con el mínimo material posible hacer frente a las hordas enemigas más implacables jamás conocidas. Pasarán a la historia como los «guerreros y guerreras de blanco». Fuerza de élite entrenada para doblegar cualquier intrusión enemiga y preparada para proteger sin dudarlo a sus compatriotas más débiles.

Aunque la guerra aún no esta ganada, es cierto que se han ido superando algunas batallas que no hacen más que aumentar la fuerza de todos los soldados. El único lema a seguir es «la unión hace la fuerza». Lema forjado a fuego en lo más profundo de cada combatiente y sin el cual ya seriamos pasto del enemigo.

Los caídos.

Sin duda, en la memoria de todos quedarán aquellos «gladiadores» que pese a su indomable fiereza en la lucha cuerpo a cuerpo y la resistencia con la que se enfrentaron a su oponente, perecieron en campo de batalla para desgracia de todos. Sus bajas tienen que ser recordadas eternamente para evitar así la repetición de posibles fallos tácticos en la gestión bélica. Recordarlos hace diariamente que nos replanteemos cualquier momento de flaqueza para transformarlo en vitalidad y persistencia.

Desenlace.

Una vez acabe el fuego cruzado y reine la paz, tocará hacer recuento y análisis pormenorizado de todo lo que nos llevó a esta situación. Aquello en lo que necesitamos mejorar, requerirá de estudio y reflexión conjunta para intentar corregir las malas actuaciones acontecidas sobre todo en la primera exposición al problema.

En la memoria de todos quedarán los momentos de solidaridad de muchos de nuestros combatientes a sus compatriotas más necesitados. Acciones altruistas que eran recompensadas con el mayor tesoro posible, la satisfacción personal que recibían una vez finalizada la ayuda.

Esta comunión entre todos, es lo que debemos recordar cuando la guerra haya pasado. Saber que la base de la mejora y el desencadenante de la solución esta en la disciplina individual para conseguir la mayor fuerza grupal. Solo así se conseguirá la victoria.

Garraty.